El fin de una relación importante duele y activa un proceso de duelo. No solo se llora la muerte, también se llora una amistad que se enfría, una pareja que se separa o la pérdida de una vida compartida. El duelo relacional implica reajustar tu vida, hábitos e identidad y reconocerlo es apostar por tu bienestar emocional y por la posibilidad de crecer desde la pérdida.
El duelo relacional es un proceso emocional que surge al perder un vínculo importante, un eje que ha sido central o importante y que ya no forma parte de nuestro proyecto vital. En numerosas ocasiones no existe un cierre claro o perfecto en este tipo de “rupturas”, a veces no hay despedidas ni explicaciones o motivos claros, solo caminos que se separan, lo cual puede tornarse ambiguo y complicado.
Aceptar que algo que te daba seguridad, compañía o identidad, ya no está de igual manera duele, y es necesario tiempo y espacio para adaptarse a esta nueva situación. El duelo no solo es tristeza, también puede haber enfado, alivio, confusión, nostalgia… también puede provocar insomnio o sensación de vacío.
Es necesario que te brindes la oportunidad de acompañarte y cuidarte en este proceso de una forma amable, darte espacio para sentir y validar tus emociones y sentimientos con el fin de poder reconectar contigo mismo. Incluso puedes crear rituales de cierre con el fin de poder continuar y reconocer lo vivido para poder seguir construyendo y contar con redes de apoyo con quien compartir lo que te ha pasado.
El duelo no implica olvidar, implica integrar lo vivido y extraer aprendizajes: qué necesito, qué límites quiero en el futuro, qué formas de relación deseo construir…